Recientemente la sociedad dominicana ha sido bombardeada por un sin número de denuncias que nos muestran claramente el compromiso con la corrupción y el crimen organizado de nuestros funcionarios y de su contraparte los ciudadanos comunes, además del deterioro ético y moral. Pues muchos se muestran ilusos, ignorantes, confundidos, serviles o lambones en cuanto a la realidad de vinculación con la corrupción y la impunidad por parte de nuestros políticos, de las autoridades y de la mayoría de representantes de los poderes fácticos.
Esto no tiene que ver con una competencia de quien ha robado, incumple o se corrompe más, sino de poner límites e impedir que siga sucediendo el mal. Muchos se hacen cómplices y son serviles por pasiones inútiles. No nos debe importar quien gane o quien nos gobierne, somos todos los ciudadanos que debemos empoderarnos y participar activamente en los asuntos públicos, para exigir que se transparenten las actuaciones de los gobernantes, para poner límites a la corrupción y a las ineficiencias de todos los funcionarios.
En esta putrefacción de la administración pública y la politiquería dominicana cabe aplicar la genial campaña utilizada por Juan Bosch en el 1961 “Consciencia contra dinero” en empatía con Eduardo Chibás y su consigna “Vergüenza contra dinero” aplicada en Cuba, para poder competir con los grupos conservadores que le adversaban en ese entonces. Este eslogan o filosofía planteada por Don Juan encaja como anillo al dedo a la situación política que convulsiona hoy a nuestra sociedad, “Consciencia contra dinero” es la respuesta que debemos darle a este cáncer social que nos contamina e impide un desarrollo sano y sostenible.
Debemos revivir el símbolo de su escoba que barrería todos los males de un estado corrupto. Haciendo un movimiento de recuperación cívica y moral, provocando y obligando a los políticos a no robar. La consigna Vergüenza contra dinero, y la inseparable escoba para barrer la corrupción gubernamental, que popularizara Chibás en Cuba a finales de la década 1940, nos legó una magnifica enseñanza, que vista en la lejanía de los años podemos comprender el alcance cívico de su propuesta y que trascendió hasta nosotros.
Es bien sabido que la responsabilidad de las autoridades es obligatoria frente a su función pública sin prevaricar y su no cumplimiento es penado o sancionado, sin embargo para nosotros como ciudadanos comunes es un deber voluntario no penado y de acuerdo al nivel o gravedad del delito se aplica la sanción, nunca será comparable la violación de una luz roja o una ocupación de acera con un ladrón de cuello blanco o un prevaricador en la función pública a quien se le paga para cumplir y hacer cumplir la ley, debiendo dar el ejemplo.
Ni la honestidad ni la ética sirven para nada en la sociedad dominicana de hoy. Ya no tenemos líderes surgidos de los movimientos y luchas sociales. Es evidente la ausencia de proyectos de interés colectivos.
No llego a entender cómo, por una pasión política, por un empleo o algún tipo de dádivas, una persona se le nuble la realidad o empeñe su consciencia. El gobierno y los demás grupo de poder aliados intentan cambiar la voluntad popular, la conciencia social a fuerza de dinero, de manipulación mediática, compra de conciencia, intimidación, aprovechamiento de la miseria material de un amplio segmento de la población y, para poner tapa, el control absoluto de todos los poderes del estado, incluyendo la injerencia y el control de la Junta Central Electoral.
Nuestra sede del gobierno o Palacio Nacional se ha convertido en una especie de “Cueva de Alibabá y sus 40 ladrones”, pero debemos aclarar que aquí son muchos más.
Les digo y a la vez les pregunto cómo es posible que un político de bienes precario que apena sobrevive, sin manejar negocios ni empresa alguna, con un salario, pueda en pocos años justificar u ostentar millonarias cuentas en dólares, euros y pesos, en diferentes bancos del mundo; casas de campo en las montañas y la playa; lujosos apartamentos, vehículos, helicópteros, yets privados, un sin números de empresas y sociedades en todas partes del mundo y por supuesto dueños de medio país a través de testaferros.
Nos dice Carlos Báez Evertsz:”A los políticos de la cúpula del PLD se les puede acusar de todo, de todo, menos de mediocridad. Su impulso hacia la obtención de poder y riqueza es desmedido. Lo mediocre significa medianía, ni grande ni pequeño. Ellos no pecan de ello. Son superbos en la apropiación de los recursos públicos, según se dice, en voz baja y en voz alta en todos los lugares.”
Expresa Rosario Espinal: “En este país agreste, la criminalidad se ha vuelto ley suprema; sea corrupción, delincuencia callejera, narcotráfico o micro-tráfico, trata humana o prostitución. En común tienen la ilegalidad en la acción.”
Afirma Andrés L. Mateo: “Lo que el país necesita es sembrar la idea y regularla con una práctica cuidadosa, de que todo el funcionamiento del Estado se financia con la actividad general de la sociedad, y que las jipettas en que andan los funcionarios públicos, las funditas, las recetas, las bebidas, la gasolina y las hojas de zinc de las campañas, los viajes para satisfacer la megalomanía del presidente, los presupuestos que ellos manejan, y hasta los celulares; los pagamos todos.”
Cabe agregar que los miembros del Comité Político del PLD, muchos del Comité Central y algunos de sus allegados han acumulado riquezas en estos casi ocho años de gobierno ininterrumpidos que bien podrían pagar la deuda externa y quedaría para mejorar la educación y la calidad de vida de todos los dominicanos.
Estos sectarios que dividieron al pueblo dominicano entre corruptos y peledeístas, han logrado construir la mayor acumulación originaria de capitales en la historia dominicana, en manos de una clase política. Ha surgido una nueva clase de Yuppies o ejecutivos postmodernos que han logrado hasta vencer las leyes de la economía, las de la lógica y la de la historia; Han logrado que estas ciencias tan importantes en el desarrollo humano e institucional hayan dado saltos inexplicables: De la chancleta a la yipeta, de la arepa al salmón del Mar Negro, del bienmesabe al caviar, del mabí de bejuco al champán, de rodar en “yaguacil” a esquiar en colorado, del pantalón apéame uno a los trajes de Armani, las carteras Louis Vuiton y los sombreros para dama de la fría Europa al ardiente trópico
Sí, es posible un mejor país para todos. La prioridad de nuestros funcionarios y políticos es cumplir sus propias expectativas y excluyen las que prometen a su pueblo engañándolo sin vergüenza alguna. América Latina es la región más inequitativa de la tierra y nuestro país se ha convertido en el campeón de la inequidad social.
Las actuaciones de los políticos no cambiaran por si mismos debemos obligarlos a cambiarlas. Denunciemos los hechos de prevaricación y exijamos a la justicia sanciones e incautaciones de esas riquezas irregulares y oscuras, así lo manda el artículo 146 de nuestra constitución.
Es tiempo de un verdadero cambio, reivindicando el manifiesto Trinitario.