WASHINGTON.- La Casa Blanca insiste en que la visita del presidente Barack Obama a Brasil se centrará en lo económico, en aprovechar el impulso de la nación suramericana y la demanda de su creciente clase media para promover exportaciones y crear empleos estadounidenses.

Pero la visita también tendrá aspectos políticos importantes, como el intento de conciliar las agendas diplomáticas con el país más influyente de la región, la séptima economía mundial y un actor cada vez de mayor peso en el resto del mundo.

Obama se va a encontrar con un Brasil novedoso y apasionante bajo la nueva presidenta mujer en la historia
Eric Farnworth, Consejo de las Américas
Esa coordinación se vió afectada en los últimos años de la presidencia de Luiz Inácio ‘Lula’ da Silva, sobre todo por la aproximación del brasileño al contencioso por el programa nuclear de Irán, que no fue del gusto del Departamento de Estado.

Washington reconoce que la buena sintonía con Brasilia es necesaria para las negociaciones que se realizan en el G20, el grupo de las veinte economías más desarrolladas del mundo, y para lograr avances en la liberalización del comercio que se busca desde hace nueve años en la Ronda de Doha de la Organización Mundial de Comercio.

Además, en ninguno de los tres países que visitará Obama en la gira latinoamericana que inicia este sábado (Chile y El Salvador serán las próximas escalas) la presencia de China será tan patente, algo que podría servir de llamado de atención a Washington empeñado en recuperar la influencia de otros tiempos.

clic Lea también: Obama a la reconquista de América Latina

Brasil post Lula

No parece un detalle menor que Obama haya esperado la salida de Lula de la presidencia para darle este reimpulso de las relaciones bilaterales.

Uno de los puntos de la agenda brasileña de Obama deberá ser China.

La nueva mandataria, Dilma Rousseff, quien asumió el mando en enero pasado, ha impuesto cambios importantes en la diplomacia brasileña en un proceso que algunos han llamado de “desideologización”, a pesar de que ella es una figura cercana a Lula.

“El presidente Obama se va a encontrar con un Brasil novedoso y apasionante bajo la nueva presidenta mujer de su historia. Una que sufró en manos de las dictaduras pero que tiene una visión vibrante de Brasil”, dijo a BBC Mundo Eric Farnworth, vicepresidente del Consejo de las Américas, un centro de estudios hemisférico.

Rousseff ha moderado la intensidad del acercamiento de Brasilia con Teherán y hasta parece haberse distanciado del presidente venezolano, Hugo Chávez, con quien su precedesor tenía un estrecho vínculo personal que lo llevó a defenderlo de sus críticos en más de una ocasión.

“Creo que la sensación mutua es que la relación con Brasil salió del camino, que hubo un alto nivel de irritación mutua”, aseguró a BBC Mundo Michael Shifter, presidente de Diálogo Interamericano, un centro de estudios regionales de Washington.

“Ambos se dan cuenta de que eso no conviene. Hay un buen ánimo para darle un nuevo comienzo a la relación, pero sin pretender que todos van a estar de acuerdo siempre en todo, porque Brasil siempre va a mantener una politica exterior distinta a la de EE.UU debido a que tiene sus propios intereses”, afirmó Shifter.

clic Lea también: Los olvidados de Obama

El elefante chino

LA AGENDA ECONÓMICA
Ronda de Doha: Brasil aspira acceso mercados agrícolas de naciones desarrolladas. EE.UU. quiere que las naciones emergentes abransus mercados de servicios a la competencia extranjera.
Etanol: los brasileños siguen “frustrados” por las altas tarifas que les impiden exportar a EE.UU. el combustible que obtienen de la caña de azúcar, tecnología en la que son líderes mundiales.
Derechos intelectuales: Washington destaca el “paraíso de la piratería” de la llamada triple frontera entre Brasil, Paraguay y Argentina. Además, resiente la política brasileña de suspender patentes farmacéuticas para aplicar planes de salud pública.
Monedas: el gobierno brasileño critica las maniobras monetarias, no sólo de China, sino de EE.UU., cuya política de devaluación del dólar contribuyó con el déficit comercial bilateral de US$11.400 millones en 2010, cuando en 2005 tenía un superavit de US$9.400 millones.
Durante la etapa brasileña de la gira de Obama una presencia constante, y posiblemente un tema a discutir, será China, sobre todo porque desde 2009 el gigante asiático ha desplazado a EE.UU. como principal socio comercial de Brasil.

Aunque en Washington no estén considerando “vetar” a los chinos, voceros del gobierno estadounidense han reconocido que Obama y Rousseff podrían discutir la preocupación, que aseguran que es “común”, sobre la supuesta subvaloración de la moneda china, algo en lo que muchos ven la clave de su competitividad comercial.

“No creemos que en las Américas tengamos que tener una competencia del todo o nada”, dijo esta semana el asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca Ben Rhodes, en una de las reuniones con la prensa previas al viaje.

Sin embargo, la preocupación por la presencia china no se debe sólo a que reste espacio a la producción estadounidense, sino por lo que implica de competencia adicional por materias primas, algo que ayuda a subir los precios en los mercados internacionales.

Según datos del Banco Interamericano de Desarrollo, en 2009 China importó de Brasil US$20.000 millones, el 80% en materias primas, como petróleo, hierro o celulosa.

Palanca internacional

Aunque la expansion económica de Brasil lo ha puesto en las “grandes ligas” de la política internacional, como demuestra su incorporación en el G20, el país goza de buena imagen gran influencia en el mundo en desarrollo, particularmente en América Latina y África.

Obama visitará la favela de Ciudad de Dios, famosa por la película homónima.

De hecho, muchos analistas destacan cómo los brasileños participan en las negociaciones económicas y comerciales internacionales, pero también en la promoción de políticas de combate a la pobreza y enfermedades como el HIV-SIDA o la conservación ambiental.

Por los desafíos que todavía enfrenta, la sociedad brasileña es parte de las economías emergentes pero adolece de los problemas del subdesarollo.

Eso lo hace un actor clave, y sobre todo un interlocutor crucial para a la hora de comunicar y coordinar acciones internacionales adoptadas en las “altas esferas” del poder planetario.

Por eso, además de la expresa intención de aprovechar el impulso brasileño en beneficio de la industria estadounidense, la estrategia de Washington al retomar sus relaciones con el país suramericano busca contar con su ascendente en la promoción de las agendas globales y regionales.